jueves, 3 de septiembre de 2009

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Está temblando, muerta de miedo en un rincón de la oscura habitación.
Está llorando de odio, de pena, de envidia, de amor, pero sobre todo de miedo.
Miedo de seguir adelante y no encontrar nada.
Se tumba pero no puede respirar, se sienta e intenta recapacitar, se vuelve a tumbar con la cabeza en los pies de la cama, se levanta y anda por la pequeña habitación.
Coge aire, se sienta, cierra los ojos, se seca las lágrimas y se dispone a escribir un mensaje... pero no puede.
Está sentada, recuperando la respiración, dejando de temblar, cerrando los ojos y cayendo rendida.

Lo mejor es que los malos momentos pasan, que llega el día y todo lo vivido la noche anterior parece una absurda pesadilla de la que poder reírse.

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